lunes, 1 de diciembre de 2008

Educar para construir nuestra postmodernidad

Autor: Mirella Agueda Mundo de Castellanos - Sunday, 30 de November de 2008, 00:04

Dando continuidad a mi participación en el primer foro de la Electiva: Formación docente: Dilemas y Perspectivas, quiero detenerme analizar las consecuencias que ha sufrido la educación latinoamericana, al estar soportada sobre estructuras colonialistas que con leves modificaciones han pasado de generación en generación, propiciando la existencia de sociedades alienantes donde el hombre es un simple repetidor de conductas e ideologías que se ajustan al sistema político imperante.
El compañero Berroterán participante del Doctorado campus Caracas, expresa con mucha precisión en su intervención que la educación venezolana (yo diría que la educación latinoamericana), sigue aplicando métodos ortodoxos que conducen a manejar de manera parcial las herramientas tecnológicas y los conocimientos post-modernista; lo cual es muy cierto, por cuanto no hemos podido romper con las cadenas intelectuales que nos mantienen atados a un paradigma que nos concibe como seres de segunda categoría, incapacitados para actuar con libertad y creatividad.

La post-modernidad está intentando entrar en América Latina, pero lamentablemente la educación conductista que dirige el proceso de formación de los seres humanos que habitan esta parte del mundo, frena esta entrada y sólo ha permitido el ingreso de ciertas teorías y herramientas tecnológicas (como ya lo dijo Berroterán), que unos pocos privilegiados han llegado a conocer parcialmente.

La apertura de América Latina al post-modernismo está frenada por concepciones epistemológicas que dividen al hombre en clases sociales enfrentadas donde una decide y otras obedecen; y, ¿cómo se pueden educar ciudadanos integrales, libres, productivos y creativos, sí se desconocen sus potencialidades?

Mientras Maturana (2004) en su teoría autopoiética asegura que todo hombre por su condición de ser vivo cuenta con una capacidad intelectual que le facilita su desenvolvimiento en diferentes medios; hay teorías que se ajustan al paradigma positivista que intentan medir la inteligencia y hablan de individuos con alto, bajo o normal coeficiente intelectual.

En este orden de ideas se aprecia que la mayor dificultad del post-modernismo es la desigualdad que se ha querido imponer entre los hombres. Frente a esta realidad que debilita a la humanidad en especial al latinoamericano, hay que ir sembrando en la conciencia de estos pueblos una autoestima de respeto y consideración hacia sí mismo y hacia el otro; y esta siembra debe darse en el seno de la educación: trabajo nada fácil, pero no imposible. Dicha siembra permitirá construir nuestra propia post-modernidad sin tener que traer a la fuerza aquella que se ha gestado en otras latitudes.

La toma de conciencia latinoamericana ha de germinar en las aulas de clases y se dará no por presión foránea, sino por necesidad sentida en cada latinoamericano, quien tras una historia de injusticia construirá las bases de su propia post-modernidad, una post-modernidad que nos abra al mundo sin que éste nos devore; es decir una identidad incluyente que no nos aparte del mundo tal como lo decía Martí.
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