viernes, 19 de diciembre de 2008

5.3.4 Hanson

Hanson critica la idea de la concepción heredada según la cual lo fundamental en el estudio de la ciencia es el contexto de la justificación. Hanson se queja de que los filósofos desfiguren las teorías físicas, aludiendo muy pocas veces a los conceptos que de verdad utilizan los científicos:
La razón es simple. Ellos han considerado como paradigmas de la investigación física sistemas completamente desarrollados como la mecánica celeste, la óptica, el electromagnetismo y la termodinámica clásica y no ciencias no acabadas, dinámicas y en proceso de búsqueda, como la microfísica (Hanson, N.R., Patrones de descubrimiento. Observación y explicación, Madrid, Alianza, 1977, p. 73)
Este error básico arrastra consigo otros, en cadena. Las nociones de 'observación', 'hecho', 'hipótesis', 'ley', e incluso 'teoría', están fosilizadas a fortiori por esta falta de contacto de los filósofos de la ciencia con la investigación real, al centrarse exclusivamente en las venerables teorías históricas, y entre ellas, sólo en las más respaldadas y acreditadas.
Las observaciones que se efectúan en los laboratorios nunca son triviales ni inmediatas: requieren unos conocimientos previos. El neófito es incapaz de percibir lo que capta un especialista al estudiar los resultados de un análisis o de un experimento. Hay que conocer la jerga correspondiente, a saber por qué cada instrumento está dispuesto como está, tener idea de lo que es significativo y lo que no en los resultados obtenidos, etc.
Si contraponemos a dos científicos que defienden teorías contrapuestas sobre los mismos fenómenos, ¿perciben ambos lo mismo al observar un experimento?
Pensemos en Johannes Kepler. Imaginémoslo en una colina mirando el amanecer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a Aristóteles, al menos en esto, sostiene que la Tierra está fija y que los demás cuerpos celestes se mueven alrededor de ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en el Este, al amanecer? (ibíd., p. 79)
Para responder a la pregunta no vale investigar sus respectivas imágenes retinianas: «La visión es una experiencia. Una reacción de la retina es solamente un estado físico, una excitación fotoquímica» (ibíd., p. 81). Tycho y Kepler están viendo el mismo objeto físico: un disco luminoso y brillante, de un color blanquecino amarillo, situado en un espacio azul sobre una zona verde. Pero no observan lo mismo.
La psicología de la Gestalt ha mostrado, con múltiples experimentos, que sobre una misma imagen se pueden ver objetos diferentes:
Decir que Kepler y Tycho ven la misma cosa al amanecer sólo porque sus ojos son afectados de un modo similar es un error elemental. Existe una gran diferencia entre un estado físico y una experiencia visual (op. cit., p. 84)
Es demasiado fácil decir que Tycho y Kepler, Simplicio y Galileo, Hooke y Newton, Priestley y Lavoisier, Soddy e Einstein, De Broglie y Born, Heisenberg y Bohm hacen las mismas observaciones pero las utilizan de forma diferente. Esto no explica las controversias existentes en las ciencias en proceso de búsqueda. Si no hubiera ningún sentido en el que las observaciones fueran distintas, no podrían ser usadas de forma diferente (Ibíd., p. 99)
Hanson está atacando uno de los pivotes más firmes de la concepción heredada y del neopositivismo: la común base sensorial y observacional de las percepciones. Esa tesis sólo puede ser mantenida cuando el filósofo de la ciencia ha estudiado las teorías ya constituidas y aceptadas, en el marco de las cuales sus cultivadores efectivamente ven igual los fenómenos. Pero en las fases de descubrimiento, con las controversias entre teorías que suelen acompañarlas, la cuestión debe ser planteada en otros términos. Investigar la lógica del descubrimiento implica elaborar una nueva teoría sobre la observación científica, para lo cual Hanson aporta la siguiente tesis:
La visión es una acción que lleva una carga teórica. La observación de x está moldeada por un conocimiento previo de x. El lenguaje o las notaciones usados para expresar lo que conocemos, y sin los cuales habría muy poco que pudiera reconocerse como conocimiento, ejercen también influencias sobre las observaciones (Ibíd.)
Si volvemos al ejemplo imaginario de Kepler y Brahe viendo el Sol, Hanson concluyó que los campos visuales respectivos tienen una organización diferente, desde un punto de vista conceptual. Por tanto, la observación científica no es inmediata ni ingenua. Está cargada conceptualmente y determina el contexto en el cual tiene lugar. En la configuración de dicho contexto influyen las teorías científicas.
Entre las imágenes y el lenguaje hay un abismo, afirma Hanson. El lenguaje observacional, caso de mantenerse esa noción, no se reduce a imágenes ni a sensaciones: cada uno de sus términos posee una componente teórica y conceptual.
Explicar un fenómeno x no consiste en buscar su causa antecedente, sino en insertarlo en un sistema conceptual, en una teoría, en cuyo marco cobra sentido y significado; mientras que en otra teoría puede resultar irrelevante.
Galileo estudió la Luna frecuentemente. Está surcada de agujeros y discontinuidades; pero decir de éstos que son cráteres -decir que la superficie lunar está llena de cráteres- es insertar astronomía teórica en las observaciones personales. ¿Un valle natural profundo es un cráter? Los mineros excavan abrupta y profundamente, pero su resultado ¿es más que un agujero? No; no es un cráter. Un pozo abandonado no es un cráter; tampoco lo es el vórtice de un torbellino. Decir que una concavidad es un cráter equivale a comprometerse con su origen, decir que su origen fue violento, rápido, explosivo. Las explosiones de artillería producen cráteres, e igualmente los hacen los meteoritos y los volcanes. Los dibujos de la superficie de la Luna serían simplemente dibujos de una esfera marcada con hoyos, pero Galileo vio cráteres (Hanson, Patrones de descubrimiento. Observación y explicación, Madrid, Alianza, 1975, p. 145)
Hanson llama así la atención sobre un aspecto de la lógica del descubrimiento que no había sido advertido: no ya sólo la observación o la explicación científica están influidas por las teorías, es decir, por sistemas conceptuales sin los cuales ni se ve, ni se entiende, ni se puede llegara explicar ningún fenómeno, sino que la propia elección de los términos del lenguaje observacional orienta luego la investigación en una dirección o en otra y, por lo tanto, puede ser heurísticamente más o menos afortunada. La historia de la ciencia está llena de ejemplos en los que una inadecuada elección de las denominaciones dio lugar a que los planteamientos teóricos que se desarrollaban por medio de ese vocabulario fuesen mal recibidos por la comunidad científica, dando lugar a que dichas teorías no llegaran a ser aceptadas, teniendo que ser redescubiertas mucho tiempo después.
5.3.5 Otros críticos de la concepción heredada
Muchos de los autores que se han opuesto a la "concepción heredada" niegan que haya la supuesta dicotomía entre los dos contextos. Esta negación puede asumir varias formas; la más conocida, representada, entre otros, por Hanson, va acompañada de esfuerzos para constituir lo que se ha llamado una "lógica del descubrimiento". Los procesos de descubrimiento no siguen necesariamente vías azarosas ni están condicionados y, con ello, validados por circunstancias "externas"; hay formas y modelos o patrones de descubrimiento. La "lógica de la ciencia" es una "lógica del producto terminado", en tanto que una "lógica del descubrimiento" es una lógica que, aun si parte del producto terminado, sigue los pasos que llevaron lógicamente a tal producto. Los modos de desarrollar la "lógica del descubrimiento" varían dependiendo de lo que se entienda por 'contexto' en la expresión 'contexto de descubrimiento'. Cabe entender tal contexto de un modo "máximo", en cuyo caso la lógica del descubrimiento se "disuelve", en efecto, en psicología o en sociología de la ciencia, perdiéndose entonces toda estructura lógica o fiándose en "estructuras lógicas" del contexto al que se recurra en cada caso. Puede entenderse de un modo "mínimo" o, cuando menos, "moderado, como lo hace Hanson al hablar de la lógica del descubrimiento "filosóficamente respetable", la cual incluye, entre otros elementos, estudios de pasos inferenciales a partir del reconocimiento de anomalías y determinación de tipos de hipótesis que puedan servir para "explicar" las anomalías, y la cual constituye, en sus palabras, "un área de investigación, no un manual de conclusiones" (o de recetas). Aun en el sentido "mínimo" o "moderado", sin embargo, se postula que una "lógica del descubrimiento" tiene que distinguirse de una "lógica de los métodos de inducción", que Reichenbach y otros autores "ortodoxos" estiman ser la metodología apropiada para el estudio del procedimiento científico.
Para Toulmin, la filosofía de la ciencia debe dejar de interesarse por las teorías científicas consolidadas, para investigar las teorías en su proceso de construcción y desarrollo:
Ha llegado la hora de ir más allá de la imagen estática, "instantánea", de las teorías cientificas a la que los filósofos de la ciencia se han autolimitado durante tanto tiempo y de desarrollar una "imagen móvil" de los problemas y procedimientos científicos, en cuyos términos la dinámica intelectual del cambio conceptual en la ciencia llegue a ser inteligible, y transparente la naturaleza de su racionalidad
A lo largo de los años sesenta, se han hicieron diversas críticas a la distinción entre contexto de justificación y contexto de descubrimiento, mostrando que está conectada con distinciones tan relevantes para la filosofía de la ciencia como la que hay entre lo factual y lo normativo o entre la lógica y lo empírico, o incluso entre la historia de la ciencia internalista y externalista. Hubo autores que afirmaron la existencia de componentes lógicas y reglas heurísticas en los procesos de descubrimiento científico. Por influencia de Kuhn, numerosos autores han optado por añadir un tercer término a la distinción, e incluso un cuarto. Así, para Goldman, la actividad de resolver problemas científicos incluye la generación o propuesta de los mismos, su indagación, testar las soluciones posibles y, finalmente, la toma de una decisión: el descubrimiento y la justificación no serían, por lo tanto, pasos consecutivos, sino interactivos; asimismo, no cabe adscribir una fase de la resolución de problemas científicos a la lógica y el resto a la historia, a la psicología o a la sociología de la ciencia.
Los filósofos de la ciencia de tendencia historicista reivindican la conveniencia de ocuparse también del contexto de descubrimiento, en colaboración con los historiadores, psicólogos y sociólogos de la ciencia.
No obstante, a pesar de todas estas críticas, autores tan influyentes actualmente como Giere o Laudan han seguido manteniendo la idea básica de la distinción de Reichenbach. Así, Giere afirma explícitamente que:
Para nosotros, el razonamiento científico no es el razonamiento del laboratorio sino el del informe de investigación, una vez terminada ésta. La mayor parte de lo que sucede de hecho durante la investigación nunca aparece en el informe final
Para Laudan, la ciencia es, en esencia, "una actividad de resolución de problemas", pero los filósofos de la ciencia deben ocuparse sobre todo de la racionalidad científica, y ésta se restringe a
la evaluación cognoscitivamente racional de los problemas científicos. Hay muchos casos en que, sobre bases no racionales o irracionales, un problema llega a tener gran importancia para una comunidad de científicos. Así, determinados problemas pueden adquirir una relativa importancia porque la Agencia Estatal para la investigación científica paga a los científicos para que trabajen en ellos, o, como en el caso de la investigación del cáncer, porque hay presiones morales, sociales y financieras que pueden "elevar" tales problemas a un lugar quizá más alto del que merecen desde un punto de vista cognoscitivo. No es mi propósito adentrarme en las dimensiones no racionales de la evaluación de problemas
De acuerdo con estas posturas, la filosofía de la ciencia no tiene como objeto de estudio la actividad real de los científicos, con sus diversas mediaciones y complejidades, sino que debe ocuparse de reflexionar exclusivamente sobre las exposiciones finales de los resultados de la investigación científica. Los sociólogos de la ciencia sociólogos de la ciencia se han opuesto a este reduccionismo epistemológico, argumentando que la construcción de los hechos en el laboratorio y los procesos de consenso entre científicos en la fase de investigación son determinantes de los resultados finales

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